Es una de las técnicas culinarias más antiguas, y aunque suele asociarse a la preparación de carnes y pescados, es una forma muy recomendable para cocinar las verduras.
Se utilizaba especialmente en los lugares costeros donde la sal se encuentra de manerza abundante en sus salinas y se usaba para cocinar y conservar alimentos.
Con este tipo de asado,conseguimos que todos los nutrientes queden en el propio alimento ya que éste absorbe la humedad y la cantidad de sal que la verdura demanda, manteniendo su sabor.
Para ello sólo debemos enterrar la verdura en una montaña de sal gorda y meterlo al horno a temperatura fuerte en el tiempo que cada producto precise, siendo la media entre 20 y 40 minutos.
Como podéis ver en las fotos, he enriquecido dos de las sales con especias para aportar distintos aromas, sabores y matices. La verde está mezclada con tomillo para que le dé sabor a campo. La roja está mezclada con Merkén, que es un chile chileno con cilantro molido y que le va a dar ese punto picante.

Una vez asada la verdura, la sal se puede reutilizar más veces y además llevará añadido el sabor de la receta que has preparado.
Yo he optado por asar las remolachas pequeñas unos 20 minutos en la sal de tomillo y las patatas en la sal con Merkén unos 30 minutos a horno fuerte.
El resultado es que las patatas tienen un delicioso sabor picante y las remolachas el gusto a tomillo del campo.



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